may 06 2011

Maldito Alejandro Sanz

Category: Protesta social,TecnologíaGollum @ 14:15
0 Zas!

Fuente: artículo escrito por Kids

Aproximadamente hace 5 años me dio por encender la tele. No recuerdo muy bien por qué cometí ese error, quizás era porque no tenía ningún capítulo para bajar de Lost o porque de aquella no corrías el riesgo de daño irreversible en la retina que actualmente lleva implícito pulsar el botón verde del mando que pone ON.

El caso es que tuve suerte. Allí estaba un Pedro Piqueras que presentaba un debate en el contexto de una reforma de la Ley de Propiedad Intelectual, la aprobación de un plan antipiratería y un gran debate social sobre lo correcto o incorrecto de bajar contenidos de internet sin el permiso expreso de sus autores. ¿Os suena? Hablo de hace 5 años amigos.

El documental se puede ver en YouTube.

Allí había gente que me resultaba conocida: Teddy Bautista, presidente de la SGAE, Alex de la Nuez, Andrés Vicente Gómez e incluso Chenoa. Al que sí que no conocía era a un fulano bajito, repeinado, de gafas que tímidamente levantaba el dedo para hablar cada vez que quería intervenir. Como si estuviera en clase vamos. Pacientemente escuchaba a los demás contertulios y luego con voz pausada y una seguridad en sí mismo que sólo el que sabe más de lo que dice puede mantener, destrozaba por completo los argumentos de los demás.

Antes de presentaros a aquél caballero comentaros que en aquél momento yo estaba empezando con Faqoff que es como la madre de blogoff para los que no lo conozcáis. Por lo tanto era un autor (y lo sigo siendo). Mis colaboradores y yo escribíamos una serie de tutoriales que buscaban ayudar a internautas principiantes a manejar ordenadores. Que tuviéramos un espíritu formador o divulgativo no significa que quisiéramos devaluar nuestro trabajo. Creo que como cualquier autor, yo consideraba la posibilidad de vivir de mis escritos.

Aunque releyendo esta última línea, me doy cuenta de que quizás no era cualquier autor. Actualmente los autores que aparecen a menudo en los medios de comunicación hablando de propiedad intelectual, y las institituciones que les representan, afirman defender el derecho a que “un autor viva de su trabajo”. Y la palabra posibilidad, ahí al menos, no aparece por ningún lado. Yo no sabía si iba a poder vivir de mi trabajo y desde luego con veintipocos años me parecía absurdo exigir que por el hecho de ser autor, tenía que poder dormir en una cama y comer todos los días gracias a mis tutoriales. Lo que si exigía es que me dejaran intentarlo, que luego ya me ganaría yo el derecho a vivir de mi trabajo.

De aquella estudiaba Economía y prácticamente desayunaba y cenaba con líneas de oferta y demanda. Sabía que Internet, aunque algo aún muy nuevo, era un mercado y que por lo tanto lo que había que pedirle era que no hubiera barreras de entrada, que hubiera una sana competencia y otros aspectos que son los que hacen que gane el que vende y el que compra. Sabía que como autor, me enfrentaría a otros muchísimos autores de tutoriales informáticos, a gente con mucho más poder de distribución, a gente mejor y a gente peor. Si era eficiente, me haría con mi cuota de mercado y no sólo conseguiría divulgar la informática (que era mi principal objetivo) sino vivir y comer de lo que más me gustaba. Un sueño vamos.

Este pequeño paréntesis cuaja en el sentido de que como buen estudiante de economía y como autor era consciente de que proteger mi obra era fundamental para obtener beneficios. Si mi obra se distribuía libremente, sin mi consentimiento o lo que es lo mismo si cualquier persona podía acceder a esos tutoriales sin pasar por caja ¿cómo demonios iba a alcanzar mi sueño?

Fijaros que sólo hace falta una línea para defender la idea de la propiedad intelectual y sin embargo hacen falta documentales, libros y tesis para explicar que quizás, con una ley de propiedad intelectual como la nuestra estamos perdiendo casi todos. Y eso es así no porque sea más fácil de explicar un concepto que el otro, sino porque el miedo a que te roben tus ideas y tus creaciones se nos ha grabado a fuego desde pequeñitos en la cabeza. Lo que hace el párrafo anterior es activar esa parte de tu cerebro que repite una y otra vez

Yo creo, invierto un tiempo en crear y ese tiempo debe ser remunerado. Si otra persona ofrece esa creación, esa inversión que hice será irrecuperable. Por ello, necesito ser la única persona que decida sobre su creación. Necesito ser el único oferente.

Estamos programados para ser monopolistas de nuestras creaciones. Y yo, como otros tantos, quería ser el monopolista de faqoff y evitar, a todo costa, que copiasen mi contenido.

Volvamos al documental. Llega el tipo este de gafas y no se le ocurre mejor cosa que romperme todos los esquemas. Su primera intervención es para decir que se descarga contenidos de Internet ejerciendo un derecho fundamental de todos los españoles. ¿Pero qué demonios?

Este tipo me enteré al final del programa que se llamaba David Bravo y cada una de las cosas que dijo iban en contra de todo lo que había oído hasta la fecha. Eso no era lo peor. Lo peor era que esa parte del cerebro que ya he citado se empezó a hacer un lío porque por algún razón, ese acento andaluz tenía la manía de decir cosas con muchísimo sentido.

En realidad la argumentación de David Bravo aquél día dista mucho del refinamiento que tiene actualmente. Se limitó (que no era poco) a diferencia la copia privada de la copia de seguridad, y a explicar que descargar algo de internet no era ilegal ni por lo civil ni por lo penal. Suficiente para enviarle un e-mail pidiendo que colaborara en un tutorial que estábamos preparando en Faqoff sobre la legalidad de las descargas en la red.

Su nombre en Google me llevo instantáneamente a su blog. Y en él, muy cerquita de la dirección de contacto, vi el símbolo del Copyleft y por extensión de las Creative Commons. Ni pajolera idea de que era aquello. Sólo supe por cómo estaba construido el símbolo (una C) al revés, eso parecía una alternativa al copyright de toda la vida. Además de enviarle el correo electrónico que muy cordialmente me respondió pasados unos días, empecé a navegar por los artículos de su página a empaparme de esa historia del Copyleft porque yo pensaba que para proteger mis trabajos e insertar un símbolo de copyright tenía que pagar una pasta y si eso del copyleft me permitía hacer lo mismo pero en barato, pues pa’ alante.

Y me encuentro con que en el blog de David Bravo y en otros muchos, los contenidos se podían copiar y pegar libremente. Tenías que respetar la autoría claro está, pero empecé a entender que las Creative Commons y el plagio no tenían nada que ver.

Así que tomé la decisión de optar por las Creative Commons para informar a los lectores de Faqoff y de Blogoff de que los contenidos se podían distribuir, copiar y reproducir sin nuestro permiso. ¿Gratis o de pago?. Ese debate lo pospuse porque las Creative Commons nada tienen que ver con eso. En el futuro quizás cobrara por los contenidos o quizás no, pero en aquél momento lo que me importaba era hacerme un hueco en el mercado.

Y si quería hacerme un hueco en el mercado de autores no me quedaba más remedio que difundir mi obra. Y si quería que mi obra se difundiese no me quedaba más remedio que renunciar a algunos derechos de explotación sobre la misma o llorarle a una editorial para que me hiciera la distribución. Opté por lo primero, lo más natural en un mercado que vive de los enlaces y la copia como es internet.

De repente, con un sólo párrafo era capaz de igualar la lógica del copyright. No me llevó una tarde, ni una semana. Me llevó muchos blogs, algún libro, alguna tarde por el parque dándole vueltas a la cabeza pero ahora, tengo otra parte de mi cerebro que me repite hasta la saciedad.

Yo creo, a partir de las creaciones, de las ideas, de la inspiración de otros. Si otra persona ofrece mi creación, la inversión que hice valdrá la pena porque mi mercado se amplía y mis clientes también. Por ello, no puedo ser la única persona que oferte mi obra. Necesito infinitos oferentes e infinitos demandantes.

Los que hayáis estudiado Economía veréis rápidamente la diferencia entre los dos párrafos en cursiva. En el primero estamos definiendo un monopolio. En el segundo un sistema de competencia perfecta.

En un monopolio el monopolista tiene lo que se llama beneficios extraordinarios, esto significa muy coloquialmente que gana más de lo necesario para cubrir los costes, los cuales incluyen vivir de su producto. En un sistema de competencia el oferente no tienen beneficios extraordinarios. Puede vivir de su producto, por supuesto pero no puede vivir a costa de exprimir el beneficio del que compra.

Y en estas líneas está la gran paradoja de la educación económica: como autores nos programan para ser monopolistas, como consumidores exigimos un sistema de competencia. Por lo tanto, en mi opinión, el debate sobre la producción cultural en el mundo desarollado se limita a una cuestión de coherencia: si disfrutas de los contenidos de libre acceso porque estos enriquecen tus creaciones, no puedes ser tan hipócrita de cerrar el acceso a las tuyas. Yo por lo menos yo no soy capaz de hacerlo.

Pero si todos los contenidos culturales fueran de libre acceso ¿qué incentivo tendrá un autor para crear? ¿de qué vivirá?

No es mi problema. Quiero decir, no es mi problema que al día de hoy alguien siga confundiendo contenido de libre acceso con contenido gratuito. Tampoco lo es que alguien piense que si algo es de libre acceso significa que se puede plagiar. Ni muchísimo menos mi problema es explicarle a la industria cultural cómo ganar dinero en un sistema de competencia perfecta donde no haya monopolios.

Mi problema es, como autor, enfrentarme a un mercado competitivo como es internet, haciéndome un hueco en él, y siendo coherente con mi visión de la difusión cultural, ganar dinero.

Teniendo una página web es relativamente sencillo: publicidad. Pero eso es como decir que los artistas pueden vivir de los conciertos, ya es casi un tópico. El caso es que Internet puede ir mucho más allá. Os voy a poner un ejemplo reciente: en Twitter, @Yoriento retwiteó recientemente un artículo mío sobre Razones para sentarte con tu hijo al ordenador. El eco de Yoriento en Twitter provocó que recibiera un e-mail de una asociación de Ávila ofreciéndome dar un curso para familias sobre nuevas tecnologías… pagado.

No es que piense, es que sé con certeza que si ese artículo hubiera sido de pago no hubiera tenido esa oportunidad laboral. Sin duda hubiera tenido ingresos con la vía monopolista ¿por qué no? Muchos medios tienen secciones de pago. Sin embargo, como dije anteriormente es una cuestión de coherencia y yo ya decidí hace 5 años qué partido jugar.

Lo que no soporto, lo que me saca de mis casillas, es que la gente que juega el otro partido desprecie de una forma prepotente a los que nos molestamos en hacer las cosas de otro modo. No al tipo que lo que quiere todo gratis y luego se monta un negocio monopolístico sino a los que nos esforzamos en ser coherentes con una forma de pensar y actuar a la que la legislación española no se lo pone nada fácil.

Ayer, 5 años y pico después del debate en el que conocí a David Bravo, se emitió en TVE2 el documental con Creative Commons “Copiad Malditos” que paso a insertar a continuación gracias a que está licenciado con Creative Commons.

Tenía cierto recelo con él, no lo negaré. Pero cuando vi que empezaban por entrevistar a Ignasi Labastida, tipo serio, poco dado a salir en medios y ni más ni menos que director de Creative Commons España cambié el chip. Posteriormente, el gráfico de Javier de la Cueva abogado que colabora estrechamente con David Bravo, explicando el laberinto legal que supone romper la lógica del Copyright, es para enmarcar. Además, el señor de la Cueva empezó con quizás la mejor definición de copia que se puede hacer actualmente “la copia es la génesis de la creación”

Y allí estaba una vez más David Bravo, con unos argumentos igual de contundentes, con el mismo sentido común y con la misma sensación del que sabe mucho para explicar las cosas sencillas.

Esta tarde Alejandro Sanz publicó el siguiente mensaje en su Twitter:

Ayer se emitio un documental en tve2 “copiad malditos” en el, se llego a decir que los artistas somos los vulneradores de los derechos fundamentales de los EspaÑoles.. En fin, ante semejante burrada solo me queda lamentarme por el posicionamiento de nuestra television publica que se supone eso.. Publica.

Posteriormente añadió

Y yo me pregunto si esos dos abogados que con tanto ahinco defienden la gratuidad cobran por su trabajo o predican con el ejemplo

Los tweets los he copiado tal cual. También citó el siguiente artículo:

Os copio y pego el último párrafo del mismo:

¿Es el enemigo? Mira que os quería proponer, que como tenemos montao esta guerra con los derechos de autor y los piratas que digo yo que, si podemos pensar por un momento en que somos un autor con una oportunidad, ¿me comprendes? Ya conocemos que según el documental ese de la 2, que si optamos por el copyleft tendremos una obra o creación que sacarán en la tele y la podrán ver todos en internet y descargársela gratis, vamos que nos la harán famosa. Por eso digo que aprovechemos también para decir que si usamos el copyright tendremos una semilla que puede germinar poco a poco creciendo, dando frutos y dando cobijo a todo aquel que se quede a la intemperie.

Mientras os contaba la vida y obra de Faqoff y exprimía lo poco que saqué en claro de la carrera de economía aproveché para tragarme toda la mala hostia que me genera el tono de esos textos. Y en realidad, recordando mis pensamientos en el sofá de mi casa poco antes de encender aquél día la televisión lo que alcanzo a pensar es que al día de hoy podría perfectamente pensar como Alejandro Sanz o Antonio López.

Y todos los días, por mi trabajo como divulgador y educador a través de Adamaweb (sí, os debo un post y una web, lo sé…) y de este mismo blog busco en dónde está la diferencia. Cuál es el sutil cambio en la formación de una persona que hace que pase de escribir esas barbaridades a dirigir un documental con Creative Commons y ofertarlo en la televisión pública.

A mí personalmente me encanta que me rompan los esquemas. Por eso sigo leyendo a Pons Asinorum (leyendo YA su entrada sobre NetFlix), al Infa.me y a otros muchos blogs personales de gente con talento que le dan una vuelta de tuerca a ideas profundamente establecidas en tu cabeza. No siempre estoy de acuerdo pero para qué negarlo, adoro que me hagan cambiar de opinión y esa gente como mucho más talento para divulgar que yo lo consigue el 90% de las veces.

Copiad Malditos es un gran documental. Tiene pegas como todo pero me alegro muchísimo de que se haya emitido en la TVE Pública porque su función, como bien dice Alejandro, es dar a conocer todos los puntos de vista y de uno, del monopolio y sus gozadas, ya hemos oído hablar mucho tiempo aunque eso ya no lo dice Alejandro. Copiad Malditos es quizás un documental que a algunos les rompa los esquemas, que a algunos quizás les anime a investigar como hice yo en su momento y que a otros, ¡y no pasa nada por eso oyes!, ni les venga ni les vaya y cuando se conviertan en autores licencien sus obras con copyright de tal forma que nadie pueda distribuirlas, copiarlas ni modificarlas hasta 70 años después de su muerte. Yo es pensar que un artículo mío no llegará al público hasta dentro de 100 años (si dejo de fumar) y me entra una tristeza muy grande por el cuellico.

Pero, maldito Alejandro Sanz… Esos dos abogados claro que cobran por su trabajo. De hecho si no fuera por la difusión que han tenido sus vídeos y presentaciones tendrían menos clientes en sus bufetes de abogados e impartirían muchas menos conferencias. En definitiva, ganarían menos dinero. Y tú, Alejandro, también puedes intentar cobrar por tu trabajo. Por lo que se desprende de tus palabras, supongo que entiendes por tu trabajo vender discos. ¡¡Qué feo!!. Yo pienso que tu trabajo es componer y cantar que suena mucho más bonito y que lo rentabilizas a través de varias vías: discos, conciertos, colaboraciones con otros artistas y actos promocionales o acuerdos publicitarios.

Y como cualquier español puedes intentar vivir de tu trabajo a través de cualquiera de esos medios. De hecho tienes una suerte que muy pocos oferentes tienen en sus mercados. Eliges el mercado del disco compacto como una forma de rentabilizar tu trabajo y resulta que cuando pones el álbum en las tiendas no se vende. No pasa nada, por ley, te compensaremos todos los españoles con un dinerito. Por ley, ni más ni menos. Si se queda corto el dinero, se sube. Si no basta con el dinero, se reforman las leyes ¿qué más te podemos ofrecer campeón?

El grado de ignorancia, de mal humor, de arrogancia, de desprecio y de analfabetismo que empapa cada una de tus palabras cuando opinas sobre propiedad intelectual es el mejor ejempo de que en el mundo actual, si quieres ganar millones de €, no te queda más remedio que entrenar a tu cerebro para que nunca se salga del camino que asfaltaron los que antes que tú ganaban esos millones.

Jamás vi en eso que llamáis, por mucho que uséis a Gila, “el enemigo” la desfachatez, prepotencia y falta de coherencia que veo cada vez que abrís la boca los que yo llamo, sin tirar de Gila, los ignorantes conformistas. Tuve la oportunidad de conocer en persona a David Bravo, de reirme con él de las barbaridades que dice la gente como tú al calor del sol en una terracita en Sevilla, de que me me explicara las salvajadas que hacen firmar algunas discográficas a los artistas que empiezan, de comentar el final de Los Soprano y en definitiva de reafirmar mi idea de que si esto era una cuestión de bandos, yo me pedía al que levantaba el dedo en la tele para opinar no al que gritaba su incompetencia a los cuatro vientos sin importarle lo más mínimo quedar retratado como un babayu.

Claro que no estoy de acuerdo con todo lo que dice David Bravo, ni con todo lo que dice Javier de la Cueva, ni con todo lo que dice en general cualquier persona que me encuentro por la vida. Quizás esto te joda por no poder meter a la gente en paquetes pero lo que la media, el internauta medio, el autor medio, el ciudadano normal y corriente y por supuesto yo, intento, es estar de acuerdo con mi forma de sentir, de crear y de consumir. Lo que intento es ser coherente y disfrutar de los que saben más que yo que son muchísimo más de los que el copyright nos deja ver.

Ojalá, Alejandro, tu opinión tuviera el copyright más absoluto. Ojalá la ignorancia fuera de uso y disfrute exclusivo del que no quiere aprender. Ojalá tuviera que pagar por oirte hablar, por acceder a tu forma de pensar y de despreciar el trabajo de los demás.

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